Nacimos
para sobrevivir. Para superar las adversidades y seguir adelante, sea como sea.
Morimos con el tiempo, por alguien a quien queremos, y si no me equivoco,
morimos a momentos. Luchamos por injusticias, sin importar el precio. Peleamos
tanto que nos olvidamos del objetivo de la lucha, olvidamos el precio
a pagar por cada acto.
Si
os contara un resumen de mi vida se resigna solo a eso. Se
resigna a luchar por una causa perdida. A tener confianza en encontrar una razón por la
que día a día pelear con el destino. Sé tan bien como tú, que todo en esta vida
tiene un precio, algo que perder para ganar. Convertir algo conseguido sin esfuerzo, en una
lucha diaria. Y eso hiciste tú, convertirte en un objetivo, en un trabajo
continuo. Luche por ti hasta mi último aliento y aun así nunca me rendí. Te entregué mi vida, lo
di todo por ti. Durante un largo tiempo fuiste mi razón para reír, mi
razón para no pararme en medio del camino aunque luego los rompieras en mil
pedazos. Pero de esto, aprendí que aunque te pares, el mundo seguirá girando sin
ti.
Gracias por enseñarme
lo que tú nunca entendiste.

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