viernes, 10 de enero de 2014

Sufria porque queria.

Una chica se sentia perdida en esta vida. Sin saber donde ir ni que hacer. Replanteandose que sera de ella cuando los años la pesen sobre sus hombros. Estaba mirando cuantas ostias podia darle la vida, intentandose levantar cada vez que era derribada. Sufria a cada momento. Llena de heridas que no cicatrizaban. Esta chica estaba en guerra con el mundo y con ella misma. Pensaba en lo poco que tarda una persona en salir de su vida y en lo mucho que se quedaba grabado en ella. Busca una solucion, un camino que no este borroso por la indecision. Una chica que queria disfrutar de su vida pero que siempre encontraba un muro que no la dejaba pasar. Intentaba saltar aquel muro pero segun iba subiendo algo la empujaba abajo y la hacia caer, dejandola en el suelo hundida y sin mano que la ayudara a levantarse. El cielo era negro y todo estaba lleno de cristales que la impedían avanzar. Dando pasos en falso y buscando caminos fáciles que no supusieran un peligro para ella misma. La chica se paro. Miro adelante y respiró profundo. Se sentó en el suelo y saco una pistola. Esa chica se estaba apuntando a la cabeza. Sus ojos estaban bañados en agua, con lagrimas recorriendo su rostro llenas de dolor y de arrepentimiento. Movía el dedo hacia el gatillo convencida en renunciar a lo que la vida le estaba guardando. Veía aquellos muros que un día la habían frenado tan claros como sus manos. Esos muros solo eran baches de repente. Se puso en pie y camino hacia ellos. Sobrepasó cada bache y llegó al final del camino. Celebraba su victoria con una sonrisa de esas que no esconden preocupaciones. De repente, la chica mira a su alrededor y se cuestiona la facilidad de haber llegado hasta el final. La chica comienza a recordar. Toca su cabeza y siente un fuerte dolor. Y es ahi, en ese instante, cuando recuerda que no solto la pistola sino que apretó el gatillo y dejó de sufrir.

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