sábado, 12 de mayo de 2012

Llegaron tiempo malos para ambos bandos.


Y llegaron esos días en los que no necesitaba una canción triste o un mal momento para pensar en ti. Esos días en los que no podía hacer nada más que esperarte. En los que pensaba que si tú te tirabas yo iría detrás. 


Llegaron esas horas en las que no conciliaba el sueño, en las que no paraba de dar vueltas a la cama sin pensar en nada. Bueno en nada no. Pensaba en todo el tiempo perdido, en que cambió desde que apareciste en mi vida, en tu sonrisa, en tu forma de reír, en como dabas esa particular calada a tu cigarro, en el sonido de tu voz, que ahora me cuesta recordar. Pensé en que hubiera paso si, si no hubiéramos discutido ese día, si tú me hubieras pedido perdón o simplemente si hubieras mantenido el contacto. Pensaba en cómo actuar cuando te viera, con arrogancia y desprecio, en que decirte si me hablabas, hacerte suplicar, y en cómo superar si me olvidabas para siempre, con el tiempo.

¿Qué si me arrepiento de haber perdido horas de sueño, días de mi vida, y tiempo del que no me sobra? Tal vez si, o tal vez no. ¿Qué pensaríais si os dijera que disfrutaba recordándole? ¿Qué fue lo único que me mantenía viva después de perderle? ¿Qué opinarías si os dijera, que me equivocaría otra vez? ¿Qué ante todo y por mucho que me duela, le quiero?

Losé, que pierdo el tiempo, pero os diré un secreto, nunca en mi vida, fui mas feliz que cuando estaba con él. Y sé que él nunca me traerá la felicidad, ¿pero su ausencia sabéis lo que me provoca? INFELICIDAD.

Y que como he dicho antes y por muy alto que esté,

Si tu saltas yo salto.



No hay comentarios:

Publicar un comentario